Como todas las ciudades antiguas de México, Toluca se ha desarrollado en torno de su plaza central, trazada en la época de la Colonia, pero de la cual quedan muy pocos vestigios arquitectónicos. Merecen una visita la Plaza Cívica, llamada también “de los Mártires” en honor de los insurgentes sacrificados durante la Independencia. Alrededor de la plaza están el palacio de gobierno, el palacio municipal y la sede legislativa.
En el lado sur se yergue la catedral de la Asunción, proyectada en 1870, imponente por su diseño, que la asemeja a las viejas basílicas romanas, con una cúpula coronada por una estatua de San José, patrono de la ciudad. Anexo a la catedral está el templo de la Tercera Orden, de estilo barroco popular que conserva importantes obras de arte.
Los portales, en pleno centro de la ciudad, forman un conjunto de numerosos comercios de los más variados artículos, entre los que destacan los expendios de dulces típicos, famosos en todo el país, como jamoncillos de leche, limones rellenos de coco, mazapanes, jaleas, frutas de horno y en almíbar, cocadas y dulces de pepita, entre otros.
A unos cuantos pasos de la plaza está el Jardín Botánico, que alberga el espectacular Cosmo Vitral de casi 2 000 metros cuadrados, uno de los más grandes del mundo, obra del mexiquense Leopoldo Flores. El tema del vitral, magistralmente realizado, es el hombre y el cosmos, la dualidad entre el bien y el mal, la vida y la muerte, la creación y la destrucción.
En el mismo jardín Botánico, entre un lago y una cascada artificiales, se pueden admirar cien mil ejemplares de plantas, casi todas ellas clasificadas por el científico japonés Eizi Matuda, a quien se le rinde un merecido homenaje con un busto de bronce. Otros sitios de interés en Toluca son los templos del Carmen, el de la Tercera Orden de San Francisco y el de la Santa Veracruz, donde se venera un Cristo negro del siglo XVI.
LA PRIMERA ESTATUA DEL PADRE DE LA PATRIA
La primera estatua erigida en honor de don Miguel Hidalgo se encuentra en Tenancingo. Esta escultura fue proyectada en 1851 por Joaquín Solache y tallada en cantera de la región por el cura de Tenancingo, Epigmenio de la Piedra.

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